Sant Miquel, la única fiesta con emboladas... pero sin toro

Sant Miquel, la única fiesta con emboladas... pero sin toro

Es una de las fiestas con más solera de Puçol y, curiosamente, no es una fiestas donde lo taurino sea lo fundamental. O quizá sí, porque todos los años Sant Miquel celebra la embolada de su popular toro ''Miguelito'', pero no es, desde luego, un toro como los demás.

Los orígenes de la fiesta en la calle Sant Miquel se pierden en el siglo XIX, sin embargo, su actual formato, con el toro de cartón como eje central de las celebraciones, tiene su punto de partida en la Guerra Civil: ''La tradición de un toro de cartón comenzó al acabar la Guerra Civil'' -explican Inma Carrasco y Mari Carmen Siurana, dos de las organizadoras-, ''entonces no había dinero para comprar ganado y era uno de los vecinos el que se ponía un disfraz, era embolado y así se hacía la fiesta''.

Con el tiempo, la forma de hacer la fiesta ha ido cambiando, pero no la ilusión de los que participaban en aquellos años de escasez donde lo que primaba era el afán de colaborar para disfrutar todos juntos.

Así lo recuerda, Amparo Palamós, una de las veteranas de la calle y quizá la persona que mejor conoce la historia de esta celebración: ''hacíamos banderitas de papel de colores, usábamos harina y agua para pegarlas. También la tía Herminia se sumaba siempre con su chocolate y en aquellos primeros años no había una paella común, como ahora, sino que cada uno cenaba en su casa y luego salíamos a la calle, a disfrutar de la fiesta''.

Entre las décadas de los 40 y los 60, Sant Miquel contaba con su propia entrada de la murta y su noche de cohetes y, como toda fiesta que se precie, incluía una cabalgata en la que los carros de cada casa eran los protagonistas, y la entrada del toro en compañía de dos burros... eso sí, sin cajones, que Miguelito es un toro de cartón.

''Un año mi hermano, que era músico y ciego, llegó a ofrecerse para tocar el acordeón como acompañamiento musical'' -recuerda Amparo- ''y lo hizo gratis con una única condición: ¡que le dejaran cortar la cuerda!''.

Anécdotas que ilustran a la perfección la tradición y el arraigo de la fiesta durante muchos años. Luego llegó la época de la crisis y, ya durante la democracia, a punto estuvo de desaparecer. Pero cada año sale un grupo de animosos vecinos dispuesto a que la tradición no se pierda.


''De hecho, antes utilizábamos un cuadro de Sant Miquel para presidir los actos'' -recuerda Pepa Claramunt, otra de las organizadoras-. ''Pero hace veintiséis años reunimos dinero entre todos y fuimos a Valencia a comprar una imagen, siendo los padrinos de la misma Francisco Picó y Carmen Soriano''.

Desde ese año, la imagen del santo se queda cada año en casa de alguna vecina, a la espera de que llegue la última semana de septiembre y pueda de nuevo salir en procesión y presidir los distintos actos en su honor. Este año es Mari Carmen Siurana la que tiene la imagen de Sant Miquel en su casa, aunque insiste en que siempre está abierta a todos los vecinos que deseen contemplarla.

Los actos de esta edición comienzan el lunes 26 por la noche, cuando los vecinos salen a decorar la calle con banderas.

El martes 27 es la noche de paellas y, a continuación, un baile que normalmente se prolonga hasta la madrugada.

El miércoles 28 comenzará la actividad por la tarde, decorando la calle con plantas y con colchas en los balcones. A continuación, una chocolatada y juegos para los más pequeños, seguida de la sub

28 Septiembre 2005
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