El Espai Jove y la colaboración de los asistentes garantizan la continuidad de la Semana de Cine Taurino

El Espai Jove y la colaboración de los asistentes garantizan la continuidad de la Semana de Cine Taurino

La 7ª Semana de Cine Taurino ha sido la de mejor valoración a nivel artístico por parte de los asistentes, la que ha contado con mejores condiciones técnicas de proyección, la que ha logrado unir cine y fútbol… y sin embargo el público no ha batido el récord de asistencia: quizá el cine es una cosa de románticos y recuperar las proyecciones de hace 50 años una pequeña utopía.

Hace siete años surgía la Semana de Cine Taurino de Puçol, en un intento de recuperar aquel espíritu de las grandes semanas de cine en verano, de las proyecciones en pantalla grande: era una gran idea que fue bien acogida por un grupo de aficionados al cine y a los toros… pero quedamos pocos románticos y cada vez menos”.

Con esta claridad de ideas sintetiza Salva Almenara, uno de los creadores de la semana, el objetivo con el que nació una apuesta por unir verano, cine y toros, algo que en Puçol era un éxito a mediados del siglo pasado, pero hoy en día el cine ha cambiado no sólo en cuanto a la presencia de salas en los pueblos, sino también ha sido sustituido por las proyecciones continuas en televisión, los videoclubs y, por qué no reconocerlo, las descargas de Internet.

El apoyo de la Diputación, la calidad de las películas, el Espai Jove y la implicación de un público fiel son las principales bazas para que la Semana de Cine Taurino tenga garantizada su continuidad en los próximos años

En definitiva, como balance del séptimo año, en el lado negativo señalar que se ha mantenido el número de espectadores de ediciones anteriores, cuando se esperaba aumentarlo gracias a la proyección en programa doble del partido de la Eurocopa antes de la película. El fútbol ha ayudado algo, pero tampoco como se esperaba: quizá sólo interesa ver la final si la juega España y poco más.

Pero donde realmente se notan los cambios introducidos en esta séptima edición es en el lado positivo: mejores condiciones de proyección, películas de más calidad y un grupo estable de espectadores que apuesta por la continuidad implicándose a fondo en todo lo que haga falta.

El Espai Jove es un edificio nuevo con una calidad de proyección extraordinaria: la imagen y sonido que hemos podido disfrutar este año no tiene nada que ver con la que conseguíamos en el Sindicato Agrícola, por lo que lo más lógico es que la semana de cine se traslade definitivamente a este nuevo edificio”, señala Salva Almenara, hoy ya convertido en concejal de festejos taurinos, quien también tiene palabras de agradecimiento al apoyo del Museo Taurino de Valencia: “La colaboración con la Diputación de Valencia es un punto de inflexión a la hora de conseguir clásicos difíciles de localizar por otros caminos, lo que nos ha permitido ver esas películas que hace cincuenta años eran estrellas de la programación y hoy nadie puede ver ni en cine ni en DVD ni en televisión”.

Dos mejoras significativas en cuanto a la calidad de proyección y de títulos que se han añadido a una mejora aportada por los propios espectadores: la cena de sobaquillo.

El ayuntamiento ha anunciado este año que debido a la crisis no va a subvencionar vinos de honor ni actos similares, salvo en casos excepcionales, por lo que corría peligro de perderse otra vieja tradición: la reunión previa a la proyección, con los asistentes trayendo el bocata de casa para disfrutar de una cena de sobaquillo y una tertulia cinéfilo-taurina.

Pero la reacción de los asistentes ha sido no sólo comprensiva con la medida, sino que han decidido coger el toro por los cuernos y aportar cada uno parte de su propia cosecha para mantener viva la tradición: este año en las cenas de sobaquillo, realizadas en la segunda parte del fútbol y antes de comenzar la proyección de la película, los asistentes han disfrutado de vino a cargo de Autoescuela Goya; mistela, coñac y Temperante gentileza de Destilerías Pla; Marsaga aportó la cerveza; Carlos Piñol una Nespresso para ofrecer todo tipo de cafés; Juan Enrique puso los dulces; Jesús Alcácer trajo los tomates para las ensaladas; Conchín se ocupó de postres varios; Bruno quiso que todos probaran sus rollitos de anís…

En fin, con un menú así el bocata casi no era necesario, aunque cada uno trajo el suyo, por supuesto, y al final la película se recibía con un ánimo mucho más relajado. Aunque tampoco hacía falta, la presencia de dos clásicos como Torero (1956) y El niño y el toro (1956) fue recibida con una expectación que no fue defraudada: conservan el mismo encanto que cuando las vieron en el cine los promotores de la Semana de Cine Taurino, hace ahora cincuenta años, más o menos.

Respecto a la versión de Sangre y arena dirigida por Javier Elorrieta en 1989, es cierto que no está a la altura de los clásicos, pero tampoco se quejó nadie… quizá en ello tenga algo que ver la presencia de Sharon Stone, que no duda en mostrar generosamente los atributos que la convirtieron en una estrella tres años después, con Instinto básico.

En definitiva, el apoyo de la Diputación, la calidad de las películas, el Espai Jove y la implicación de un público fiel son las principales bazas para que la Semana de Cine Taurino tenga garantizada su continuidad en los próximos años.

Informa: Sabín

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19 Junio 2012
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