Historia de Puçol (10): Hallazgo de la Santa Imagen

Historia de Puçol (10): Hallazgo de la Santa Imagen

Estando en oración el hermano Pedro Muñoz en su contemplativa ermita de San Julián le parecía que intelectualmente se hallaba en Puzol y que allí veía caer del cielo cinco resplandecientes estrellas hacia la villa del Puche. Dióse dudado dado la repetición de esta visión interior y movido de superior impulso se fue a su patria, Puzol y desde ella vió ocularmente repetidas veces del cielo en forma y número de cinco estrellas que les servía de sepulcro la eminencia del montecillo llamado Cabeçol del Puche, que está situado en el término del Puche y entre esta villa y el lugar de Puzol. Viendo suceso tan portentoso y que el desprenderse del cielo cinco estrellas y esconderse bajo la tierra ni era casual, ni dejaba de tener algún misterio, comunicó el ermitaño la visión con su cordial amigo el venerable Fray Pedro Nicolás Factor, religioso franciscano que entonces era guardián del convento de la Vall de Jesús de la Santa Recolección, situado a las raíces de un monte cerca de Puzol. Animado pues el buen ermitaño con la respuesta del siervo de Dios Fray Nicolás Factor fue prevenido a la eminencia del montecillo llamado Cabeçol y dándole el aviso las estrellas con caer y esconderse, empezó allí a cavar animoso pero, cerrando ya mucho la noche y como era ya anciano, desistió cansado con intención de volver al amanecer del día siguiente para dar fin a su empezada tarea cobrando fuerzas con algún corto descanso. Pero dos labradores que vieron la ansia con que labraba el ermitaño, los cuales habitaban en la alquería del inquisidor Micer Cristóbal Roig, discurriendo a lo humano buscar algún tesoro terrestre para enriquecerse con él, luego que se fue el ermitaño Pedro Muñoz cavando y profundizando más la tierra, allí mismo encontraron admirados la Santa Imagen de Nuestra Señora al Pie de la Cruz y cavando la quebraron con un golpe de azada un pedacito de la esquina inferior de la parte diestra. Discurrieron los labradores llenos de gozo que aquella Santa Imagen era el tesoro que al parecer buscaba el ermitaño y así, contentos y satisfechos con el hallazgo encontrado, desistieron de cavar y se retiraron alegres con la Santa Imagen llevándosela a la alquería de Micer Roig donde habitaban, con la determinación de quedársela para sí como a prenda que les había abstraído todos los sentidos para venerarla en su habitación Al amanecer del día siguiente volvió el ermitaño Pedro Muñoz y llegando a la eminencia del montecillo y viendo que habían profundizado más la tierra y que el hoyo era mayor que el empezado por él, quedó con inteligencia noticioso del hallazgo de la Santa Imagen y de sus individuales señas, quiénes eran quienes se la llevaron y quienes la tenían. Fue grande el desconsuelo del ermitaño, hacíale cargo su humildad, era causa su descuido de estar la Santa Imagen en ajena posesión, luchó la desconfianza de alcanzarla con la esperanza de lograr posesión de ella pero, considerando que la paciencia es medio para llenar nuestros deseos temiendo las circunstancias que pareciole que dió proporcionado ir a la alquería y que dándoles las señas a los labradores lograría su petición: la posesión de la Santa Imagen, fue que tuvo el desengaño con la respuesta que le dieron los labradores. Grande debió ser el desconsuelo que tuvo el ermitaño con la respuesta negativa de los labradores, pero como las visiones que precedieron al hallazgo fueron sobrenaturales y el fin, para esta Santa Imagen venerada como Patrona de Puzol, dispuso el Señor volver la tristeza del ermitaño en gozo y la oculta invención de la Santa Imagen en publica manifestación del suceso. Movido interiormente todo fue uno, ir a Valencia a verse con el Señor Patriarca de Antioquía y Arzobispo de Valencia don Juan de Ribera, informarle del hecho y hallar consuelo en su respuesta y remedio en la pretensión pues, constándole a Muñoz era hombre de ejemplar vida y de conocida verdad, ermitaño y reconociendo lo raro de la invención y apetecible de la Santa Imagen, se fue el señor Patriarca con el ermitaño a la alquería del Inquisidor Roig, pidió por los hombres y dándoles las señas confesaron la verdad y entregaron la Imagen de Nuestra Señora al Pie de la Cruz en manos del Señor Patriarca, que admitió lleno de gozo y contento y venerada la Santa Imagen por su Ilustrísima y todos los demás que allí estaban la entregó al ermitaño Pedro Muñoz, con la expresión que aquella Santa Imagen tenía de entregarla al lugar de Puzol para que allí, como a Patrona fuese venerada y con esta condición la admitió y a su tiempo cumplió su promesa y viendo la Santa Imagen en sus manos el ermitaño, lleno de gozo profirió enseñado de las palabras de la sabiduría: “todos los tesoros conseguí teniendo esta Santa Imagen en mis manos que es todo mi bien y la conservaré por el más estimable, pues por barro reputaré al oro con la estimación que la venero. Agradecido por este favor, toda mi vida reverenciaré a esta Santa Imagen teniéndola por guía y luz de

10 Agosto 2003
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