El Bloc homenajea a Jacint Piquer, el único vecino de Puçol muerto en Mauthausen

El Bloc homenajea a Jacint Piquer, el único vecino de Puçol muerto en Mauthausen

Había sido una propuesta del Bloc en el pleno ordinario del mes de octubre: realizar un homenaje al único vecino de la población que había sido hecho prisionero durante la segunda guerra mundial e internado en el campo de concentración de Mauthausen, donde falleció el 2 de noviembre de 1941. En su propuesta, Salvador Claramunt reclamaba un homenaje en torno a la fecha de su nacimiento (el 15 de diciembre) y además que el pleno aprobara dedicarle una calle. Finalmente, la propuesta no salió adelante por el voto en contra del grupo socialista, que justificó su negativa por una posible avalancha de peticiones en la misma línea para dedicar calles a personas fallecidas por cualquier circunstancia trágica.

Pese a que en principio la calle no se le iba a dedicar, el Bloc siguió adelante con la otra parte de su propuesta y el viernes, 12 de diciembre, en el Sindicato Agrícola (un local muy apropiado, ya que antiguamente era el Casino Republicano) se celebró el esperado homenaje, con la presencia de dos de los tres hijos de Jacint Piquer, así como de Enric Marco, presidente de Amical Mauthausen y uno de los supervivientes de aquel campo de concentración nazi.

Ya desde la introducción inicial del periodista Manel Castaneda quedó claro que el acto iba a tener dos frentes: el propio homenaje al republicano fallecido a manos de los nazis y la queja continua por la no presencia oficial del Ayuntamiento en el acto o, lo que es lo mismo, la crítica al partido socialista por no haber aprobado en su momento la propuesta del Bloc.

Enric Marco fue mucho más contundente en sus palabras. “Tengo 82 años y no creo que se deba olvidar la historia... o estaremos condenados a repetirla”. Tras su contundente introducción recordó los 50 millones de fallecidos durante la segunda guerra mundia, 10 de ellos en los campos de concentración “donde nos desnudaban nada más llegar, nos rapaban íntegramente, lo que era grave para los hombres, pero mucho más para las mujeres, que no sabían qué parte de su cuerpo taparse, y luego nos daban un número y un triángulo. A partir de este momento la degradación era total: no se trataba sólo de morir en los crematorios, en todo momento podías servir para un experimento como los de la casa Bayer, que compraba prisioneras para probar nuevos fármacos o venenos con ellas”.

Tras repasar la vergonzosa actitud del gobierno de Franco, que tras la guerra no reclamó a sus prisioneros de los campos de exterminio, como hicieron otros gobiernos europeos, y los abandonó a su suerte, el presidente de Amical Mauthausen admitió que está bien perdonar, pero no hay que cerrar los ojos ante la Historia. Una Historia que vale hoy en día para recordar que durante la segunda República los españoles disfrutaban de semana laboral de 36 horas y el voto femenino por vez primera, hitos que luego han sido olvidados durante el franquismo: “y también con la barbarie nazi corremos el peligro de olvidarla, ya que actitudes similares comienzan a verse hoy e nuestras calles respecto a los emigrantes de otros países... curiosamente, esos mismos racistas luego corren tras futbolistas negros del Madrid o del Barça: estamos volviendo a la diferencia entre ricos y pobres y eso es muy peligroso”.

Su documentada y apasionada intervención concluyó con un reconocimiento a la labor de Antonio García i Francesc Boix, dos fotógrafos catalanes que trabajaban en el laboratorio fotográfico de Mauthausen revelando las fotografías que hacían los propios nazis de sus atrocidades cotidianas: “fueron ellos los primeros en darse cuenta del valor de esas imágenes y comenzaron a esconder los negativos y copias en cualquier rincón. Ese material fue fundamental para demostrar al mundo, una vez concluida la guerra, la barbarie de los campos de concentración, algo que los alemanes intentaron negar tras la guerra, pero documentos de este tipo sirvieron para que se hiciera justicia”.

A continuación se proyectó el documental Noche y niebla, dirigido en los años cincuenta por Alain Resnais. Tras sus descarnadas imágenes de cientos de muertos arrastrados con palas mecánicas a fosas comunes, llegó el turno de Salvador Claramunt

06 Enero 2004
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