Record de participación en el intercambio gastronómico

Record de participación en el intercambio gastronómico

Viernes, 23 de enero, por la tarde: en el Espai Social La Barraca la cocina no da abasto. Cuatro argelinos cocinan cus-cus, un vecino de Togo prepara fu-fu con salsa de pescado, tres marroquíes se las apañan con cuatro pollos con especias. Mientras, sus compañeros se daban prisa para tener a punto los pastelitos marroquíes y el té con hierbabuena. Faltaban pocas horas para la cena y no era cuestión de desilusionar a los 150 invitados.

Espai Social La Barraca, esa misma noche, a las 21’30 horas: los invitados no paran de llegar. Son representantes de clubes y asociaciones de Puçol. Todos vienen con sus propios platos, para ofrecerlos a los demás.

Las 22 horas: siguen llegando invitados. Al final, la cifra supera los 250 comensales. Los técnicos del Centro de Acogida de Inmigrantes, que se han pasado las dos últimas semanas confirmando la asistencia al Intercambio Gastronómico, no pueden dar crédito a lo que ven: han batido, con diferencia, el record de participación en este acto de convivencia entre los inmigrantes del Centro de Acogida y los vecinos de la población. Sobre la marcha, han de buscar nuevas mesas y sillas para ubicar a los asistentes de última hora.

En La Barraca se dan cita miembros del Club Municipal de Jubilados y Pensionistas, ASVAT, Cáritas, las amas de casa Tyrius, el grupo ecologista La Costera, ASOM, la Agrupación Extremeña, la Coral, la Joven Orquesta, los juniors Apocalipsis, los juniors Caminar, la Agrupación de Peñas, los Festeros de 2004, la asociación de Vecinos de la Playa, la asociación de Donantes de Sangre, Ballant Balant, la Junta Local Fallera, la asociación de Bailes del Sindicato, el Club de Gimnasia Rítmica, la Cofradía Virgen al Pie de la Cruz y representantes de la Corporación Municipal.


Y no vinieron sólo a cenar. Aquello era un intercambio y todo el mundo aportó su granito de arena. Entre otros, esa noche se podía degustar platos como la caldereta extremeña, la paella, el all i pebre, el conejo con patatas, la escalibada, tortillas de varios tipos, cocas caseras saladas, cocas dulces, calabazas y una impresionante colección de brazos de gitano.

La cena fue un momento inolvidable. Mucha gente. Muchos platos... Aunque quizá faltó más intercambio, un mayor contacto entre todos los presentes. Daba la impresión de que cada grupo estaba previamente establecido, los amigos de siempre, los compañeros del club, y no se acababa de producir el deseado “contacto”.

“Es sin duda el año que más participación hemos tenido” –recuerda Leo Guzmán, la directora del Centro de Acogida de Inmigrantes–, “eso demuestra que Puçol es un pueblo solidario, sin duda, pero echo a faltar un mayor contacto de unos con otros... quizá es que el auténtico espíritu del intercambio gastronómico no siempre es entendido por todos”.

Por no haber, incluso se echó en falta el tradicional discurso de las autoridades y de representantes de los inmigrantes, y el habitual intercambio de detalles. Todo se limitó a la cena. Hubo comida, participación ciudadana y algún tímido baile. Técnicamente el intercambio fue el de mayor éxito de todos los que se han celebrado, aunque a algunos, como a la directora del centro, nos quedaba la sensación de que faltaba algo: quizá es que, en definitiva, tubo mucho de gastronómico y poco de intercambio.

Quizá la próxima vez.

 

29 Enero 2004
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