Tercera concentración de bolilleras: un gran ejemplo de deporte sano y relajante

Tercera concentración de bolilleras: un gran ejemplo de deporte sano y relajante

Cuando uno oye hablar de “concentración de bolilleras” tiende a pensar en algo así como la recuperación de una vieja costumbre, en desuso y próxima a desaparecer. El pasado domingo, 25 de abril, Puçol celebraba el tercer encuentro de este tipo. Un hecho insólito a priori... salvo por un par de pequeños detalles.

Detalle número uno. Ese mismo día se celebraban en la Comunidad Valenciana otras cuatro concentraciones de bolilleras, de las cuales se tuvo que suspender una, la de Nules, por falta de asistentes. Si tenemos en cuenta que en Puçol se dieron cita cuatrocientas bolilleras y sus respectivos acompañantes, no parece que sea una actividad en desuso ni, desde luego, próxima a desaparecer.

Detalle número dos. Entre las asistentes a Puçol se encontraban grupos tan amplios como el de Paquita Cotino (con treinta asistentes de La Pobla, El Puig, Rafelbunyol y Massamagrell) o el de Sagrario Cortijo (con veinte bolilleras de Valencia). Eso por no contar los grupos que venían de lejos, muy lejos, llevándose la palma las veinte animosas bolilleras de Balazote (Albacete), otras tantas de La Herrera (también en Albacete: una provincia que sin duda cuida mucho esto de hacer bolillos) y, cómo no, las ocho representantes de Teruel... que también existe.

Si a todo ello añadimos la presencia de los pueblos más cercanos, como Alboraia, Meliana, Quart, Torres Torres, Algart y, por supuesto, Puçol, debemos llegar a la inevitable conclusión de que los bolillos están más vivos que nunca y es muy difícil que alcancen alguna vez el peligro de extinción: cada año hay más practicantes... como lo demuestran dos pequeños detalles.

Detalle número uno. Entre los asistentes había al menos siete bolilleros; mozos de todas las edades que insistían con paciencia encomiable en unos diseños de todo tipo. La pasión por este deporte se extiende como si de un equipo de fútbol se tratara.

Detalle número dos. Las amas de casa Tyrius, que han sido unas inestimables colaboradoras de Dolores Sánchez, concejal de la mujer del Ayuntamiento de Puçol a la hora de organizar este encuentro, no sólo tienen a su profesora Rosario Munera encantada porque cada día cuenta con más adeptas, sino que este mismo año han puesto en marcha un segundo taller, centrado en la muy relajante labor del bordado de tul. Una escogida muestra de esta segunda especialidad estuvo presente el pasado domingo en el Palau d’esports y, por su novedad y complejidad, llamó poderosamente la atención de las asistentes.


Porque, no lo habíamos dicho, pero este tipo de concentraciones se centran sobre todo en eso: llamar la atención. Cada una de las asistentes coloca primorosamente sus herramientas y alguna prenda ya empezada, una vez encaja un bolillo por aquí y otro por allá, llega la hora del almuerzo (bocata de jamón a la catalana y botella de agua: gentileza del Ayuntamiento), luego un paseo arriba y abajo por el Palau, observando con detenimiento la tarea que realizan las bolilleras de Albacete, Teruel o Valencia. Entre paseo y paseo, una corta visita a las tiendecitas donde se ofrecen productos de última novedad en el noble deporte del encaje de bolillos. Y, poco después, la paella, también gentileza del Ayuntamiento, aunque cocinada gracias al indudable oficio de Galbis.

Contado así puede parecer que las bolilleras se reúnen cada semana en un pueblo para volver a verse las caras, exhibir su último chal y hacer turismo, pero nada más lejos de la realidad. Rosario Munera, la experta profesora de bolillos y bordados de tul de Puçol, explica las indudables ventajas de este relajante deporte: “antes era habitual verlo en los pueblos, aunque menos en la capital, ahora se está recuperando gracias a los talleres organizados por distintas amas de casa, y es que

29 Abril 2004
FaceBook  Twitter