Juan Claramunt: de apuntador a vicepresidente tras seis décadas en Santa Cecilia

Juan Claramunt se alistó a las filas de Santa Cecilia con 11 años y, desde entonces, se ha dedicado en cuerpo y alma a esta escuela musical. Hoy ostenta el título de vicepresidente y continúa trabajando para exprimir los recursos artísticos de la agrupación. Recursos que van más allá de la música y que han dado lugar a diversas zarzuelas y representaciones teatrales con el objetivo de aportar valor cultural a Puçol.

Como a los grandes apasionados del arte, el amor por la cultura valenciana le viene de familia. Fue su padre quien le empujó a apuntarse al Centro Musical e Instructivo Santa Cecilia de Puçol, una de las primeras agrupaciones culturales de Puçol. Y al parecer le picó el gusanillo, porque empezó a participar en cada acto de la banda con su instrumento, el clarinete, y a los pocos años estudiaba música en el conservatorio. «No llegué a hacerme profesional porque tuve que empezar a trabajar y dejar los estudios», explica Juan Claramunt.

Pero no dudó en mantenerse cerca de la música, y lo hizo desde la escuela municipal. Al igual que los jóvenes músicos de ahora, lo pasaban en grande en cada acto y en los ensayos, que entonces se hacían en el hogar parroquial. Pero con la llegada de Francisco Ramón 'Paco Panolla' como director, nació una nueva inquietud en la banda de música: el teatro. «Empezamos representando belenes en Navidad y luego pasamos a hacer algunas obritas de teatro antiguas valencianas».

Compatibilizar ambas actividades no siempre era fácil: «Primero los ensayos de la banda y luego los de teatro», recuerda Claramunt. Sobre todo, cuando entró en edad de trabajar: «Los ensayos tenían que ser por la noche porque el que no estaba estudiando estaba trabajando».

Él, en lugar de actuar, prefería asumir el papel de apuntador, esa persona que, oculta al público pero visible para los actores, se encarga de dictarles el guion durante la obra en caso de que olviden el texto.

Tras Paco 'Panolla', la iniciativa continuó con el siguiente director: Juan Gonzalo, con quien se hizo multitud de obras de teatro e incluso zarzuelas. «Como sabía que yo había participado en las obras anteriores, me nombró ayudante de dirección», de modo que estaba al mando cuando el director se ausentaba, además de ejercer de su labor como apuntador. «Así funcionamos mucho tiempo hasta que hubo otro cambio de dirección», y el teatro pasó al segundo —o tercer— plano.

«Más adelante formé un grupito con gente a la que le gustaba y empezamos a hacer obras de nuevo». Y desde entonces se ha mantenido hasta el día de hoy, que continúa como director y apuntador de las obras de teatro. Y lo hacen «a la antigua»: Como cuando el apuntador se encontraba en la cuevecita bajo el escenario e iba mostrando el texto a los actores. «Siempre estoy ahí metido indicando a los que están actuando», comenta el directivo.

La mayoría de las obras que representan son de origen valenciano, antiguas y normalmente en lengua valenciana. De hecho, algunas las extrae de la recopilación que tenía su padre, «que hizo de actor en alguna obra que otra y las guardó todas». Y de Joaquín Esteve, que fue actor y director hace 60 o 70 años y también le ha ofrecido su material.

«Las vamos interpretando poco a poco», explica Claramunt, aunque reconoce la dificultad de encontrar obras con pocos personajes: «No puedo utilizar las obras con más de 10 o 12 porque hay muy poca gente», de modo que van realizando aquellas que no necesitan más de cinco o seis actores. «Cada vez es más difícil porque muchos de los que antes salían se van haciendo mayores, y la mayoría de jóvenes no están por la labor».

A pesar de todo, a sus 70 años continúa gestionando las actuaciones teatrales que se realizan cada año en la Casa de Cultura. «Casi todas son divertidas y están pensadas para que el público se ría, además de las zarzuelas, en las que sale mucha gente, como el grupo de danzas local».

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La escuela, a lo largo de las generaciones

Pero más allá del teatro, como vicepresidente del Centro Musical e Instructivo Santa Cecilia, se encarga de organizar junto con el resto de la directiva todos los actos que se realizan a lo largo del año. Algunos ya son fijos, como el concierto de primavera, de San Juan o el de Navidad, así como la participación de la banda en los pasacalles de fiestas, las procesiones... «Y también solemos hacer en marzo un concierto solidario, con un precio de entrada simbólico» cuya recaudación se suele destinar a ADIS u otras asociaciones locales.

Este año tenía programada una actuación especial. «Íbamos a representar en la plaza del Ayuntamiento la obra '1812', que trata sobre la guerra napoleónica». Un espectáculo que iba a estar acompañado por cañonazos y por el sonido de las campanas de la iglesia. «Pero claro, se ha tenido que cancelar... Supongo que lo haremos el año que viene», comenta Claramunt.

Y por supuesto la gran fiesta de Santa Cecilia, en noviembre, cuando músicos y directivos se unen en el escenario para realizar sainetes y otros clásicos divertidos: actos que siempre llenan el local. En definitiva, otra forma de convivir, hacer piña y dar a conocer al pueblo diferentes tipos de música.

Hace 10 años que dejó de tocar con la banda, aunque continúa en el centro del meollo. «La banda y la sociedad musical han sido lo más para mí, aparte de la familia y el trabajo». Hoy tiene 70, está jubilado y disfruta desde la directiva. «Y de paso voy haciendo obras». Tal es su afición, heredada de su padre, que también sus hijos la han continuado: Uno con el clarinete y, el otro, que todavía toca en la banda, con percusión.

Juan Claramunt asegura que es realmente satisfactorio ver cómo sus hijos y, en general, las siguientes generaciones, mantienen la unión que ellos han construido durante décadas. «El sentimiento de hermandad que tenemos es muy grande porque llevamos toda la vida», asegura, viendo lo mismo en los jóvenes de ahora: «Ahora con ellos, pues igual... Pasan los años y siguen ahí, todos juntos». Y según él, es aún más satisfactorio «poder hacer todo esto por el pueblo».

Informa: Irene Mollá Fotos: Sabín

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