En busca de la perfección: Las gimnastas de Puçol vuelven al tapiz para encarar su próxima temporada

A pesar de su enorme exigencia física y psicológica, la gimnasia rítmica continúa siendo un deporte minoritario y desconocido para muchos. Lejos de limitarse a trabajar la flexibilidad y realizar poses bonitas, las deportistas del Club Gimnasia Rítmica Puçol han retomado los entrenamientos de una temporada truncada por la Covid-19, para recuperar cuanto antes su estado físico y, en cuanto sea posible, volver al tapiz para dejarse la piel ante el público y sus jueces.

Fuerza, equilibrio, flexibilidad, potencia, resistencia, coordinación, manejo de aparatos... Son algunas de las aptitudes que exige este deporte y que trabajan día tras día las alumnas del Club Gimnasia Rítmica Puçol. Lo hacían a principios de este año con unas perspectivas más que favorables, tras varios logros en las competiciones disputadas durante la última temporada.

«Entre septiembre y diciembre los resultados fueron muy satisfactorios en todos los niveles», apunta Mapi Sangil, entrenadora y presidenta del club: Campeonas de liga en conjuntos alevín e infantil, campeonas de liga en el campeonato Mediterráneo en categoría cadete... Además, el conjunto juvenil logró, con su ejercicio de cinco cintas, alcanzar la tercera posición en la final autonómica del Trofeo Federación.

Además, «las gimnastas individuales de nivel nacional obtuvieron las primeras posiciones en diferentes torneos nacionales amistosos por toda la Comunidad Valenciana y otras regiones», destaca orgullosa la entrenadora.

Pero la segunda mitad de esta temporada, que arrancaba en enero, se vio truncada por la llegada de la pandemia. «Únicamente pudieron debutar una minoría de las gimnastas en torneos amistosos, obteniendo las primeras posiciones», quedándose a las puertas de participar en las competiciones para ligas, torneos mediterráneos y federativos, que suelen comenzar a partir del mes de marzo.

Estragos de la pandemia, también en gimnasia

Uno de los eventos suspendidos fue la fase provincial del Trofeo Federación y de gimnasia estética, programada para celebrarse en Puçol el 16 de mayo. «Dadas las circunstancias, tuvimos que suspenderlo». Durante el confinamiento, las entrenadoras han enviado tareas de estiramiento, flexibilidad y refuerzo «para no olvidar todo el esfuerzo adquirido con el entrenamiento habitual», además de videollamadas grupales con las más pequeñas de las escuelas.

La crisis sociosanitaria también ha supuesto cambios importantes en el campus de verano que cada año realiza el Club Gimnasia Rítmica Puçol. Este 2020 tan solo se ofertan 30 plazas, «que es lo que nos permiten, por lo que no podremos satisfacer las más de 100 plazas que veníamos ofertando en años anteriores», comenta Sangil, destacando la importancia de cumplir las normas y recomendaciones en todos los ámbitos «para evitar repetir estos cuatro meses pasados y sobre todo que las consecuencias a nivel global sean las mínimas».

Para todos sin excepción ha supuesto un parón muy importante... «Han sido cuatro meses muy duros hasta volver a realizar un entrenamiento». En la segunda quincena de junio, por fin pueden volver a su segunda casa, el Palau d'Esports del Polideportivo Municipal, tras meses entrenando en casa y varias semanas sobre el suelo rígido de distintas instalaciones al aire libre.

Eso sí, con todas las medidas de seguridad pertinentes: restricciones de aforo, aspirar y desinfectar las moquetas a diario, limpiar el material, distancia de seguridad... Pero a pesar de estas restrictivas novedades, «para las gimnastas es una liberación, aunque físicamente es como volver a reeducar la parte de corrección corporal».

El proceso de corrección de los ejercicios es más lento y costoso para unas gimnastas y entrenadoras acostumbradas a mantener una relación de contacto constante. «Verbalmente no lo asimilan tanto, pero confiamos en las ganas e interés que siempre ponen para mejorar». Unas ganas e interés que se mantienen a pesar de la incertidumbre ante la próxima temporada.

«Si finalmente la federación considera que debe reiniciar la temporada en septiembre estaremos listas y preparadas», asegura Mapi Sangil. Mientras tanto, ellas seguirán disfrutando de su deporte y de las amistades que les brinda. «Nos sentimos muy orgullosas de la armonía del club, del gran compañerismo que alberga entre nuestras gimnastas y de la disposición que siempre tienen los padres para colaborar».

En total, cerca de 70 alumnas componen los distintos grupos de la escuela y el club, con edades que abarcan desde los 3 hasta los 17 años. Lo hacen bajo las directrices de Mapi Sangil y Tsevetelina Alekova, encargadas del club de competición y de coordinar las escuelas municipales. Y su monitora, Patricia García, se encarga de iniciar al alumnado en la modalidad deportiva de gimnasia rítmica.

Pero una disciplina que va en busca de la perfección ha de complementarse necesariamente con el ballet, imprescindible para que las gimnastas trabajen desde pequeñas la conciencia temporal y aprendan a establecer un equilibrio entre la perfección técnica de cada ejercicio con la belleza y perfección corpórea que requiere. Para ello, cuentan con Andrei y Karetina, profesores de ballet en las categorías nacional y federativo, y con Isabel Balaguer, a nivel federado y de iniciación.

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Hechas de otra pasta

Quizá sea la búsqueda incansable de la extrema belleza y perfección lo que lleva a muchos a no considerar la gimnasia rítmica como un deporte altamente exigente, según Sangil. Pero lo es, tanto a nivel físico, como psicológico. «Aunque todo depende del nivel y grado de disciplina, requiere de un tipo de entrenamiento más prolongado en cuanto a exigencia de horas, y también de implicación y disciplina».

Y es que, más allá de la flexibilidad, su elemento característico por excelencia, este deporte requiere de una educación de corrección postural y corporal ligado a una coordinación musical y corporal junto con la coordinación de los aparatos: cinta, aro, pelota, mazas o cuerda. Y si la coreografía es grupal «se añade el factor de la coordinación e interconexión con las compañeras».

La necesidad de mantener un equilibrio entre todos estos factores es lo que convierte a la gimnasia rítmica en un deporte tan sacrificado. «De ahí que nuestras deportistas sean tan disciplinadas... Y no solo en el tapiz». De hecho, la capacidad educativa que brinda les convierte en personas muy organizadas en su vida cotidiana, pues aprenden a organizarse en el tiempo y administrar mejor sus ratos libres. «La gran mayoría de gimnastas se caracterizan por tener excelentes resultados académicos», subraya Sangil.

Y es que, como se suele decir dentro de este mundillo... Las gimnastas están hechas de otra pasta. Deben estarlo, para poder superar —física y psicológicamente— cada entrenamiento, cada competición y un día a día repleto de esfuerzo y sacrificio. Nada que no valga la pena para aquellas que, sin pensárselo dos veces, vierten sudor y lágrimas en su búsqueda constante de la perfección.

Informa: Irene Mollá Fotos: Mapi Sangil

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23 Junio 2020
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