Tere Unsain: La artista local que pinta emociones a través de formas, texturas y color

Que le diagnosticaran tuberculosis a la edad de seis años fue un golpe duro que la postró en cama durante un año. Pero lejos de apagarla, este oscuro periodo de su infancia la invitó a adentrarse en el arte de la pintura… Y desde entonces no ha parado. Residente en Monte Picayo, ahora Tere Unsain viaja por todo el mundo exponiendo sus obras. La mayoría de ellas, enormes, coloridas y, sobre todo, repletas de significado.

Tan solo tenía seis años cuando le diagnosticaron tuberculosis. Una noticia que llegó con fuerza, no tanto por la gravedad de la enfermedad sino por la desgracia de quedar postrada en cama durante un largo año, aislada de sus padres y de sus seis hermanos. «Los oía de lejos, pero no podía verles», recuerda Tere Unsain, que por aquel entonces aún no se manejaba demasiado bien en la práctica de la lectura.

Pero sí en la de pintura. «Comencé a pintar de manera natural: no tenía ningún tipo de dificultad para dibujar, fuera de lo que fuera…». Y tras un año impregnando de colores folio tras folio, devorando cuaderno tras cuaderno, le dieron el alta y la inscribieron en un colegio de monjas. A partir de entonces solo quiso potenciar su habilidad artística.

Música, gimnasia… Y sobre todo pintura. Eran las únicas asignaturas que le interesaban y en las que se esforzaba, apagando por completo su interés en todo lo demás. Pasaron los años y lo tuvo claro: quiso ingresar en la universidad para estudiar Bellas Artes. Una carrera que, si bien actualmente no tiene unas salidas laborales demasiado reconocidas, por aquel entonces todavía menos.

«Los orientadores del colegio lo veían algo demasiado bohemio, sin una salida profesional clara, así que mis padres me animaron a apostar por algo más seguro». Y a regañadientes comenzó sus andaduras en filosofía y letras. Una decisión tranquilizadora para sus padres pero poco satisfactoria para Tere, que dos años después decidió retomar las riendas de su carrera y de su vida.

Un cambio de rumbo

«Me apunté a la escuela de artes y oficios para ser muralista». Formación de seis años que, con ciertas prisas por casarse e iniciar su vida, quiso terminar en tan solo tres. Y lo hizo, de hecho, con muy buenos resultados académicos. Pero aquella valiente decisión, lejos de introducirla en una vida complicada, le abrió las puertas a la felicidad y la libertad que actualmente le brinda la pintura.

«Es importante perseguir tus sueños, porque cuando metes todo tu coraje, alma y pasión, normalmente da su fruto». No siempre económico, reconoce la pintora, «pero podrás vivir de ello y, sobre todo, serás feliz haciendo algo que te llena». La sensación de poner todo el empeño sobre un cuadro; la satisfacción cuando algo está muy  bien hecho; el empeño de continuar mejorando con cada obra… Son sensaciones que, según Unsain, merecen la pena.

«Y decir: en el siguiente lo haré mejor, y también en el siguiente… Eso hace que vayas creciendo». Esta búsqueda insaciable de la perfección le ha llevado a convertirse en una reconocida pintora, no solo en Valencia, sino también en otras ciudades españolas, europeas… Y del mundo.

A sus 67 años ha viajado por todos los continentes mostrando sus obras en galerías, ferias y exposiciones. «Me di cuenta de que desde mi estudio era difícil cubrir los gastos mes a mes; tenía que ir a buscar los encargos fuera, porque en España surgen muy pocos», explica la artista. Shanghái, París, Barcelona, Miami, Madrid, Nueva York… Y Méjico, país que le gusta especialmente «porque allí aprecian mucho los colores y el significado de la obra».

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Plasmar emociones con pintura

Y es que no concibe un cuadro sin mensaje subyacente. Especialmente, si está relacionado con las personas: emociones, recuerdos, vivencias… Y secretos. Las obras de Unsain están repletas de sutiles mensajes que, muchas veces, solo pueden percibir los sujetos que las protagonizan. «El cuadro no lo creo yo, es un trabajo en equipo».

De hecho, cuando recibe un encargo para realizar, por ejemplo, un retrato, «ese personaje tiene un alma, una historia, ideas… Y todo eso debe plasmarse dentro de la obra, de manera que los dos vamos creando el cuadro en conjunto». Es, según la autora, como convertirse en periodista, porque debe obtener toda la información posible para después transmitirla. No con letras sino con formas, colores, texturas…

«Toda esa información intento volcarla de forma tenue, subliminal y, de hecho, muchas veces la gente no la percibe». Como en el caso de Agnus Dei, un cuadro de Francisco Zurbarán que, protagonizado por una oveja, Unsain empleó para transmitir la realidad de los procesos electorales en España. «Estábamos en plena campaña y pensé: Parece que los políticos nos consideren idiotas… Así nos llevan, directos al matadero».

Y fiel a sus preferencias de realismo, la pintora local se puso en contacto con un veterinario para poder observar de cerca la raza merina; la misma que aparece en la obra de Zurbarán. Como aportación propia a la obra, en el pelaje del animal trazó cientos de rostros: miradas de quienes se sienten engañados y llevados «directos al matadero».

Una técnica que también ha desarrollado en otros de sus cuadros. «Dentro de los cuerpos que pinto muchas veces hay frases, caras y elementos que para mí están colaborando con la imagen final». Con un mensaje directo, muchas veces crítico, que apuesta por el ser humano como eje central.

También los toros han ocupado un papel importante en su obra. No precisamente porque se considere una aficionada a la tauromaquia: «No entiendo nada de corridas de toros pero siempre me ha parecido algo muy artístico», reconoce Unsain.

Lo que le entusiasma es el toro en sí: «Es fuerte, noble… Para mí, un animal muy atractivo. Además, los cuernos laterales hacen que toda su cabeza tenga una armonía y una fuerza particular… Me gusta y por eso lo pinto», asegura.

Personas: Un motivo central

Pero sobre todo «las personas son importantísimas», apunta Tere Unsain, que fue educada en el estilo de la abstracción pero que, por su propio pie —o más bien, por su propia mano—, quiso adentrarse en el realismo para introducir al ser humano.

«Yo quería pintar, no para el coleccionista, sino para las personas que acuden a una exposición y que, sepan más o menos de arte, tienen curiosidad y les gusta». En definitiva, no pinta para potenciales clientes sino para las personas: «Mi idea es que el arte llegue a todos: al niño, al que entiende, al que no entiende… Y que logre emocionar a todos».

El arte abstracto es muy difícil para lograr esto. Un estilo que no quiso desechar, por el interés de sus texturas y colores, pero que quiso llevar un paso allá y fusionarla con el realismo, que le permite conectar con el ser humano. «Fusionismo, lo llamo: es lo que he hecho todos estos años, como un puente entre el realismo y la abstracción en que el fondo muchas veces colabora con la figura del primer plano».

Una técnica que le permite incorporar secretos y mensajes a través de frases, collages fotográficos, formas, texturas… Y el color. Mucho color. Sobre todo, introduciendo fuertes contrastes entre cálidos y fríos, algo que extrajo de culturas como la minoica o la pompeyana; antiguas civilizaciones cuyas obras han perdurado impolutas con el paso de los siglos y milenios.

Su investigación no terminó ahí, y es que la artista local ha sabido beber de otras corrientes, técnicas y artistas hasta elaborar su propio estilo. Al fin y al cabo, sus estudios en filosofía, letras e historia antigua sí le han dado sus frutos, tardíos pero deliciosos.

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Un cielo de intensos rojos y azules

Ahora, la pintora elabora sus propios pigmentos como si de una receta culinaria se tratara para pintar sobre cualquier superficie: madera, chapa de fibra y contra fibra… Y sobre todo el aluminio, un material que permite una adherencia excelente y que consigue la máxima refracción de luz. «Cada cuadro pide un soporte diferente».

Lo hace desde un amplio estudio acristalado en su casa de Monte Picayo, donde reside desde el año 1980 y donde ha encontrado un espacio tranquilo, silencioso, rodeado aire limpio y con maravillosas al mar. «La luz es perfecta para trabajar en cualquier momento».

Desde allí, a veces el cielo se tiñe de rojos y azules intensos, los mismos que impregnan muchos de sus cuadros para, como lograron antiguas civilizaciones, prometerles una larga vida.

Obras que quiere hacer llegar a la máxima audiencia posible a través de Instagram y de su web, unsain.com, «porque al final es lo que nos apoya para continuar con esto», asegura: «es muy importante dar un impulso al artista… Ahora más que nunca lo vamos a necesitar».

Lo afirma la mujer que desde bien pequeña supo dejarse llevar por el color y la luz hasta encontrarse con su propio estilo; una artista que trabaja por y para las personas y que, tras décadas de dedicación, ha desarrollado el arte de pintar emociones a través de formas, texturas… Y mucho color.

Informa: Irene Mollá | Fotos: Sabín

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13 Agosto 2020
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