La lluvia obliga a suspender el festival y la cena de fin de curso de Virgen al Pie de la Cruz

La lluvia obliga a suspender el festival y la cena de fin de curso de Virgen al Pie de la Cruz

La lluvia obligó a suspender el Festival fin de curso y la Cena de padres, alumnos y profesores organizados durante la tarde y noche del viernes 18 de junio. Ahora se abre un interrogante que deberán resolver la dirección del centro, el profesorado y la asociación de padres: ¿se podrán realizar ambos antes de final de curso, sólo uno de ellos o se suspenden definitivamente? 

La previsión del tiempo anunciaba posibilidad de lluvia en un 50%. El inicio de la tarde fue tranquilo, como la mañana, con un sol que no hacía presagiar lo que se avecinaba al atardecer: una primera lluvia torrencial, de corta duración, obligó a recoger los equipos de sonido y luces, tumbar las sillas para evitar que se llenaran de agua y los pocos presentes en el patio de secundaria tuvieron que guarecerse bajo uno de los techados.

Pero aún faltaba casi una hora para las 19’30 horas, horario oficial de comienzo del festival en el que tenían que cantar y bailar todos los alumnos de infantil, seguidos de los de secundaria y, finalmente, los de primaria. Al mismo tiempo, en el otro patio del centro, los alumnos de 3º de ESO se afanaban en preparar las mesas para la cena organizada por el AMPA (Asociación de Madres y Padres de Alumnos). En total, había 490 inscritos, entre padres, alumnos, familiares, profesores y los tres representantes del ayuntamiento: el alcalde José Vicente Martí y los concejales Estrella Carcasona y Ángel Sánchez.

Y como faltaba tanto tiempo, una breve reunión finalizó con una apuesta por continuar. Rápidamente, los alumnos de 3º de ESO (los grandes protagonistas de la jornada con su esfuerzo) cogieron materiales del servicio de limpieza y se dedicaron a secar el escenario, las zonas de acceso y las 500 sillas preparadas en el patio.

Al mismo tiempo, se montaba el equipo de sonido, los profesores echaban una mano para montar ese decorado en papel continuo que, afortunadamente, no se había dejado preparado al mediodía y se salvó de la tromba de agua… aunque, por poco tiempo.

Poco después de las 19’30 horas, subían los presentadores, daban la bienvenida a todos y comenzaba el festival con los alumnos de 3 años, los más pequeños del centro, todos con sus disfraces de chinos y con la mente puesta en la letra que tenían que cantar… aunque su vista andaba más pendiente de localizar a sus padres entre el público que llenaba el patio.

Y entonces cayeron las primeras gotas. Sólo unas cuentas. Pronto el patio de butacas (aunque fueran sillas de madera) se llenó de paraguas y, en apenas dos minutos, la segunda tromba de agua era ya irreparable: los equipos de sonido, los cables, los ordenadores, todo hubo que guardarlo lo antes posible en cualquier escondite, mientras los padres corrían buscando un lugar donde protegerse y los profesores intentaban llevar a los más pequeños bajo un techo seguro… y en las ventanas de infantil y primaria, sus compañeros, que aguardaban pacientes la hora de bajar al patio a actuar, comprobaban que ya nunca iban a poder exhibir sus pinitos cantores, al menos por ese día.

Del famoso decorado que tanto había costado pintar entre un buen puñado de alumnos ya no quedaba nada. Fue Nines, la jefa de estudios, la encargada de anunciar por megafonía que se suspendían los dos actos, el festival y la cena. La decisión sobre qué hacer en el futuro se tomará el lunes 21 de junio y se comunicará por escrito a los padres, en una nota del centro incluida en la agenda de los alumnos.

Las posibilidades son pocas, porque la semana del 21 se marchan de viaje de fin de curso la mayoría de alumnos de secundaria y los que se quedan tienen una excursión el martes a Terra Mítica”, asegura el director, Vicente Durbá. “También estamos preparando el acto de graduación de la promoción para la siguiente semana y está la festividad de San Juan el miércoles. Quizá se pueda trasladar parte del festival al viernes y también la cena, aunque habrá que estudiar qué se puede mantener y qué hay que suspender definitivamente”.

A todo ello hay que añadir el coste de alquiler de equipos de luces y sonido, de las mesas y las sillas, de las frivolidades previstas para la cena, algo que ya no se podrá recuperar, pese a que sí se hayan salvado de la quema (perdón, de la lluvia) la bebida y los aperitivos, que podrán reutilizarse en cualquier otra actividad. Las cuestiones es: ¿cuándo se podrá celebrar esa cena? ¿Y el festival?

Mientras los padres y profesores se hacían estas preguntas, los alumnos, todavía con sus disfraces puestos, caminaban hacia casa comentando lo bien que lo habían ensayado, lo perfecta que era la coreografía, los bonitos que habían quedado los disfraces… lástima que de momento eso sólo está en su imaginación y los padres tendrán que esperar para poder comprobarlo e inmortalizarlo con sus cámaras y móviles. De momento los padres sólo pueden presumir de una bella foto del arco iris con el patio vacío. Bonita, sí. Pero a qué precio.

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19 Junio 2010
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