Robots toreros para los toros clonados

Robots toreros para los toros clonados

Salva Ferrer, periodista, cronista taurino y colaborador de la web municipal, esta semana nos ofrece una reflexión sobre el primer toro de lidia clonado de España. Este texto se publicó originalmente en el periódico “El mundo” y ha sido cedido por el autor para su publicación en la web de Puçol.

Un robot, de grana y aluminio el chispeante, corta un rabo de un clon bóvido en la Maestranza de Marte. ¿Será el titular de una crónica de El mundo del siglo XXII? Sin la amplitud de miras científica que requiere desde el punto de vista genético -Mendel nos libre del pecado-, el becerro clonado, noticia empírica y taurina, por ese orden, no debe ser muy bueno para la Fiesta. Para la ciencia igual es la bomba. Para el toreo es desconcertante. Sancho, con la ciencia podemos topar.

El miércoles se presentó el primer toro de lidia clonado en España. El presidente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia en la zona de Salamanca, Lorenzo Fraile, ya se ha mostrado contrario a la clonación de toros al asegurar que "si los toros son iguales se acabaría la Fiesta", según declaraciones a EFE.

El becerro Got es hijo de un semental, pedraja el encaste, del ganadero y amigo Alfonso Guardiola, que está luchando por su vida y por la de la bravura, y de una vaca lechera, fruto de un proyecto encabezado por el presidente de la Fundación Valenciana de Investigación Veterinaria, Vicente Torrent y Rita Cervera, investigadora del Centro Príncipe Felipe. ¿Se imaginan una mayor homogeneización del toro? Si puede parir una vaca lechera, ¿al garete el tentadero de hembras? ¿Y la selección, y los mayorales, sabios del campo? Del traje campero, sombrero de ala ancha a lomos de la jaca, a las batas impolutas de los tecnócratas. Que toreen robots, pues. Guardiola, ganadero pasional, es tajante: "que sirva para preservar la bravura, que no salga el borrego a la plaza. Eso hay que quitarlo", dice. ¿Al gusto de quién se va a clonar al toro?

Los ganaderos que han dejado "entrar" a los toreros en sus fincas, perpetrando el atraco a la autenticidad de esto, sin clonaciones, ya se han encargado de amputar la fiereza al toro de lidia. Resultado: el borrego, la cabra servil, la babosa y el toro-carretón. El fiero es defenestrado, que incomoda. Los ganaderos al servicio de los toreros, no del espectáculo, han aguado la sangre brava y encastada. Por eso se torea mejor que nunca. Es preferible la imperfección del trazo del toreo auténtico, con toro, que la perfecta plasticidad hueca, con borrego. "El toreo es emoción y la bravura no es una ciencia exacta", apunta Guardiola.

El toro artista es para la fábula o la literatura. Como el toro de ojos verdes del poeta Villalón. La Fiesta no necesita el toro dócil. En el toro sobran cínicos, mercaderes, el taurinismo "tan vulgar y gansteril" (sic en El mundo Antonio Lucas, figura del arte de escribir) y ganaduros que diluyen la casta. Hace falta que el toro embista y si es con motor, fiereza y agresividad, mejor. El toro que ponga a prueba la capacidad, el oficio, la destreza, o los cojones, llámenlo valor, del artista. Ponerse delante y torear el toro-toro es el mérito extraterrestre de los toreros.

Otra cosa es que un toro, terciado o imponente, una becerra o una babosa de juanpedro, especialidad de la casa, te puede quitar de en medio en un segundo. Como a punto estuvo el viernes un jabonero sucio de manchar a Julio Aparicio de luto en Las Ventas. Le metió el pitón por la barbilla y se lo sacó por la boca. Espeluznante. Se rozó la tragedia. Se obró el milagro: el corazón sigue encogido al teclear.

Es la grandeza y la doble faz, gloria y drama, del toreo. Pero no mezclen churras con merinas. Ni toros bravos con vacas lecheras. Y menos con borregos.

Texto y foto: Salva Ferrer

30 Mayo 2010
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