¿Te atreves a cooperar para conseguir un mundo mejor? Jessica Ríos ya lo ha hecho en Cuba… y quiere repetir

¿Te atreves a cooperar para conseguir un mundo mejor? Jessica Ríos ya lo ha hecho en Cuba… y quiere repetir

El viernes 25 de enero, Jessica Ríos se reunió con la alcaldesa, concejales y técnicos municipales para hacer un balance de los dos meses que ha pasado en Cuba, impartiendo clases de educación medioambiental a alumnos de 1º a 6º de primaria del colegio Pepito Mendoza. El acto sirvió también para presentar las becas de voluntariado y cooperación de este año, en Cuba y Nepal.

Jessica estuvo desde finales de octubre hasta el 22 de diciembre en Cuba, dando clases a alumnos de 1º a 6º de primaria, con un proyecto de sensibilización medioambiental desarrollado en colaboración con la Fundación Yelcho y con Aniplant (Asociación Cubana de Protección de Animales y Plantas).

Para contar en qué había consistido su experiencia de cooperación internacional, se reunió el 25 de enero con la alcaldesa Merche Sanchis, los concejales José Mª Esteve y Eloísa Rosa, y los técnicos José Luis Gómez y José Luis García Nadal: no sólo se trataba de dar un repaso a lo realizado en Cuba, sino también a la labor de voluntariado realizada previamente en Puçol, requisito imprescindible para poder optar a las becas que el Ayuntamiento de Puçol ofrece cada año.

Las becas de voluntariado y cooperación internacional para este año ya están en marcha: hasta 5 becas de 1.000 euros cada una, para jóvenes que realicen 100 horas de voluntariado en Puçol y luego un proyecto de cooperación internacional en Cuba, con la Fundación Yelcho, o en Nepal, junto con la Fundación TAI”, explica José Luis García Nadal. “Los interesados en realizar el voluntariado en Puçol y cualquiera de los dos proyectos de cooperación internacional deben contactar con José Luis Gómez en el área de juventud del ayuntamiento, por teléfono, mail o en persona”.

Unas becas cuyo plazo de solicitud finaliza el 15 de febrero, aunque en esta ocasión los requisitos son mínimos: se trata de que cada joven que quiera participar en el doble proyecto presente un escrito en el registro de entrada municipal, explicando el porqué de su interés y adjuntando su currículum.

Lo importante del proyecto es que hablamos de vecinos de Puçol que dedican cien horas a colaborar en su pueblo y a cambio obtienen una beca que les permite cubrir el viaje, aunque el resto de gastos en Cuba o Nepal lo cubren ellos, bien con su trabajo o con fondos propios”, recuerda José Luis Gómez. “La elección de la Fundación TAI y Yelcho responde a que ambas permiten desarrollar proyectos elegidos por los cooperantes de Puçol; es decir, no vas a echarles una mano sin más, sino que además puedes llevar a cabo tu propia idea de cooperación”.

Desarrollar su propia idea es lo que hizo Jessica Ríos, que tras haber estado a lo largo de 2012 participando en distintas escuelas municipales (de pascua, de verano) y en actividades como monitora desde el Área de Bienestar Social, el 24 de octubre partió con dos maletas hacia La Habana: en una llevaba sus cosas personales, además de un portátil y un proyector; en la otra, cuadernos, libros y lotes completos de material escolar para escribir, pintar, colorear y realizar todo tipo de actividades didácticas.

De todo ello, sólo la ropa y sus cosas personales regresaron a Puçol, el resto se quedó en Cuba, como parte de la aportación de la Fundación Yelcho y Aniplant a la labor de educación medioambiental con los alumnos de primaria del colegio Pepito Mendoza.

Quería vivir una experiencia y la verdad es que ha sido algo inolvidable, estoy deseando volver y continuar la labor con unos alumnos tan respetuosos, tan disciplinados, aunque también tan poco acostumbrados a cuidar el medio ambiente, porque la limpieza viaria no existe y lanzar piedras a los perros y gatos bien podría ser el deporte nacional, detrás del béisbol”, recuerda Jessica Ríos.

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En Cuba, los alumnos van al colegio de 8 a 16 horas. Y el trabajo de Jessica consistía en impartir sus sesiones de sensibilización medioambiental de 12 a 16 horas, a dos aulas distintas cada día de la semana, de lunes a viernes, siempre en el colegio Pepito Mendoza.

Luego, los sábados participaba en talleres abiertos al público, donde el temario no era lo más importante, sino la experiencia, el contacto diario con la gente. Y por la tarde, proyecciones de películas, charlas, juegos…

También colaboraba como auxiliar los miércoles en Aniplant, donde se dedicaban a esterilizar gatos y perros: era, de alguna forma, el trabajo práctico con una de las asociaciones que me facilitaron llegar allí y poder trabajar los cuadernos de ejercicios en clase con los alumnos”.

Unos alumnos repartidos en clases de veinte, siempre en colegios pequeños, porque hay muchos, al menos uno en cada barrio, lo que les da un carácter más familiar. De hecho, el colegio es mucho más que el lugar para recibir clases, también funciona en horario extraescolar, para que vayan a estudiar y repasar los alumnos, o incluso a utilizar sus instalaciones deportivas.

Y tienen un cuidado especial de todo el equipamiento, porque son conscientes de que reparar los desperfectos es algo complicado, no hay presupuesto para ello, de ahí que sean mucho más cuidadosos con el entorno que nosotros… bueno, excepto el medio ambiente, que es algo sobre lo que aún no están concienciados, no forma parte de su currículum académico”.

Aunque no es sólo el académico el que tiene carencias, también el currículum nutritivo del día a día se basa en cultivar lo que pueden, en su pequeño trozo de tierra, sobre todo en los pueblos, donde la vida es mucho más tranquila y relajada. La Habana es otra cosa.

En un pueblo, o en un barrio, hacer cola en la tienda para comprar cualquier novedad que ha llegado es normal. No existen supermercados ni grandes superficies. Todo se compra en las pequeñas tiendas de barrio de toda la vida: pollo, cerdo, arroz, frijoles, plátano macho o boniato componen su dieta habitual. Y si ese día hay huevos en la tienda y uno quiere prepararse una tortilla, antes debe hacer una larga cola y esperar que queden cuando le llegue el turno.

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Una miseria sólo aparente. Los cubanos viven a ese ritmo tranquilo, con caras felices y siempre procurando disfrutar de la vida. La imagen de gente alegre a la que le gusta bailar con cualquier excusa, esa imagen que tanto hemos visto en películas y reportajes es… absolutamente fiel a la realidad.

Y no es un problema, te adaptas a su ritmo rápido”, sonríe Jessica mientras cuenta uno de sus secretos. “Lo único que me daba vergüenza era bailar a su lado: ¡cómo se mueven, cualquiera baila con ellos! Mejor verlos que ponerse a su lado a intentar seguirles el ritmo”.

Tampoco conviene ponerse al lado de las paredes cuando hace aire. Sobre todo en La Habana vieja. Los cascotes son peligrosos y ya hemos dicho que mantenimiento de edificios no es la asignatura que mejor llevan en la isla. Mejor caminar por el medio de las calles… algo que libró en algún momento a Jessica de recibir algún golpe en la cabeza.

Lo de ir por el centro de la calzada tampoco es mayor problema. Ya hemos dicho que allí las cosas se toman con calma, incluso circular en sus viejos coches, casi todos con carrocerías de los años 50, pero con motores nuevos. Pero son gente muy, muy amable, que te invitan a comer continuamente y te ofrecen todo cuanto tienen.

Yo no cociné más que una vez en dos meses”, confiesa Jessica. “Todos los amigos que íbamos conociendo nos invitaban a comer, a cenar, o a casa de su familia, donde fuera, pero siempre había alguien que nos ofrecía su casa para tomar algo… y si no, siempre podíamos ir al huerto de la familia con la que estaba alojada y ayudarles a coger algo para cenar esa noche”.

Y es que así es la vida cotidiana en Cuba. Sencilla y amable.

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Hay una Habana turística y luego está la del día a día, la de los vecinos de los barrios, con sus pequeños colegios, su ritmo pausado, su música, su baile continuo, sus pesos cubanos para las compras cotidianas y los pesos convertibles en dólares para el trasiego diario con los turistas…

Es una vida distinta, un mundo difícil de transmitir con palabras, pero que fascina a quien lo vive.

Como fascinados quedaron los alumnos del colegio Pepito Mendoza al recibir su diploma medioambiental. Una rareza para ellos. Una hazaña para Jessica, que no sólo les dejó sus conocimientos y su material escolar, sino también el proyector, el portátil, los power-points y todo lo que había llevado en sus maletas.

Quizá por eso volvió tan emocionada, buscando ayuda para volver, proponiendo ideas para recoger material escolar y llenar maletas que son recibidas por los alumnos con una sonrisa así de grande.

Hasta el 15 de febrero, Jessica y tú también, joven lector, tenéis la oportunidad de solicitar las becas de voluntariado y cooperación para este año 2013. Basta con leer las bases situadas al final de este texto. Descargar la solicitud. Rellenarla y presentarla junto con una pequeña memoria en la planta baja del Ayuntamiento de Puçol.

Luego, eso sí, hay que organizarse el horario para dedicar cien horas a proyectos sociales en Puçol. A cambio, una de las cinco becas de mil euros puede ser tuya.

¿Crees que puedes aportar tu granito de arena para mejorar este mundo? Ahora tienes la oportunidad de demostrarlo.

Nepal y Cuba te esperan.

Informa: Sabín

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logo_pdf Bases de las becas 2013 de voluntariado y cooperación internacional
logo_pdf Instancia general del Ayuntamiento para solicitar la beca

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27 Enero 2013
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