La falla del Centro de Día se convierte en una fiesta medieval con multitud de protagonistas, colaboradores… y los burritos de Paco

La falla del Centro de Día se convierte en una fiesta medieval con multitud de protagonistas, colaboradores… y los burritos de Paco

Danza del vientre, tabal i dolçaina, colombaires, barbacoa, dulces, exposiciones, juegos, música, actuaciones, talleres, animales de todos los tamaños y, por supuesto, una falla. Todo ello se dio cita el jueves 15 de marzo, por la tarde, en el Centro de Día Martínez Coll, para deleite de los niños, sus padres, los vecinos y todo aquél que quiso sumarse a la fiesta.

Hasta ahora siempre hemos celebrado la falleta Coll con los alumnos del Centro de Día y sus padres, pero lo de este año ha sido un cambio espectacular”, señala la educadora Laura Romeu. “Han sido tantísimos los que han colaborado desinteresadamente que hacer una lista es casi imposible. Pero de parte de Alfredo y mía, gracias a todos porque nosotros solos nunca podríamos haber montado una fiesta de estas dimensiones”.

Dicho así, parece el típico agradecimiento a los colaboradores de una falla. Y lo es.

Pero también es el reconocimiento a todo un pueblo que se ha volcado con la falla del centro de día para convertirla en algo más.

Por ello, aún a riesgo de dejarnos alguno en el tintero, vamos a intentar explicar quiénes se sumaron y cuál fue su aportación a una tarde que ya es histórica… aunque seguro que va a servir de punto de partida para futuras jornadas de convivencia entre estos alumnos y el resto de la población.

Todo comenzó a las 5 de la tarde, con la suelta de palomos a cargo de la Asociación de Colombaires de Puçol. Mucho mejor que cualquier carcasa… y menos ruidoso.

Luego, las chicas de Um Yarasun ofrecieron una exhibición de danza del vientre al aire libre, en la puerta del centro. El mismo escenario que también utilizó Oumaima M¨Rini para su espectáculo de gimnasia rítmica.

La música pregrabada la pusieron los chicos del Centro de Día, pero las actuaciones en directo corrieron a cargo del Grupo de Tabal i Dolçaina de Puçol, que animaron la fiesta casi, casi hasta que ya no podían soplar más. Inagotables ellos.

Los monitores de los dos centros juniors, Caminar y Apocalipsis, una vez más unidos tras el éxito de su falla júnior, organizaron talleres de disfraces y de arcilla: perfectos para que los niños llegaran a casa listos para entrar de cabeza en la ducha.

Hajar Amesnaou, una antigua usuaria del centro, fue la encargada del taller de henna: diseños en las manos, en los brazos y alguno que hasta se atrevió a que le escribieran su nombre para tenerlo grabado durante mucho tiempo… ¿o era el nombre de algún ser querido?

Cecilia Guillem y Amparo Ferrer, de la oficina Amics, fueron las encargadas del taller de peinados medievales y, como no podía ser menos, iban ataviadas para la ocasión con sendos vestidos de época.

Guiados por los alumnos del Caxton College que desarrollan sus prácticas en el centro de día, los más pequeños —y algún abuelito infiltrado— pudieron disfrutar de juegos de mesa de todo tipo, muchos de ellos muy poco conocidos por estas tierras mediterráneas.

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Pero como tanto juego exigía reponer fuerzas de vez en cuando, fueron las dos responsables de la ludoteca, Olga y Rebeca, las encargadas de preparar una suculenta barbacoa a base de longanizas de pavo, por aquello de evitar alimentos que no son bien digeridos por todas las edades o todas las culturas asistentes a la fiesta. Hubo longanizas para dar y regalar… así que alguno repitió cada cierto tiempo y volvió a casa cenado y todo.

Para hacerlo más digerible, los os juegos iban acompañados de una degustación de té y dulces a cargo de un grupo de mujeres musulmanas, asiduas participantes del Programa de la Mujer.

Junto a ellas, enfrentándose a los últimos rayos de sol de la tarde, que le impedían trabajar con buena luz, otro asiduo participante, en este caso del Centro de Acogida de Inmigrantes: Román Rybakiewicz dibujó, pintó y expuso sus inconfundibles ilustraciones. Se nota que este chico ha trabajado en el diseño publicitario: un trabajo realmente impresionante.

Pero no estuvo solo, a su lado, también combatiendo el sol como buenamente podían, un grupo de vecinos, amigos y trabajadores trajeron curiosos objetos de tiempos pasados para montar una improvisada exposición de antigüedades.

Por su parte, los alumnos del Centro de Día fueron los encargados de elaborar la falla, un enorme castillo dentro del cual se podía entrar para hacerse una foto. Además, colgaron las banderas en la calle, organizaron los juegos medievales de gran formato, diseñaron los carteles señalando qué actividad se desarrollaba en cada rincón y, en definitiva, fueron los auténticos protagonistas de la jornada.

Aunque no estaban solos.

Bajo la coordinación de Protección Civil, que supervisó la seguridad del evento, sus padres, madres, abuelos, tíos, primos y quién sabe si algún conocido o vecino también tuvieron una participación bárbara: se ocuparon de la cocina, de las brasas, de montar y desmontar las mesas y sillas para los talleres, de ayudar en todo lo que hizo falta y, cuando ya no quedaba nada que hacer, pues a hacerse fotos con los burritos de Paco.

Hummm, los burritos de Paco.

Esos… esos fueron los otros protagonistas de la jornada.

Burritos pequeños, enanos, seleccionados con mimo, casi como si fueran miniaturas. Allí, vivos, rodeados de balas de paja: siete burritos, un pony y una yegua. Y los niños haciéndose fotos, dándoles de comer, acariciándolos… los miraban y algunos todavía no se lo podían creer.

Me encontró el educador del centro, Alfredo, por casualidad. A través de Internet leyó Burritos en miniatura en Puçol y me llamó. Cuando le dije que por supuesto que iría gratis no acababa de creérselo”, explica Paco Almenara, uno de esos siete magníficos que sacan adelante cada año la bendición de animales de Sant Antoni y que con ejemplos como este demuestra que, efectivamente, es un tipo magnífico. “Conseguir estos burritos tan pequeños ha sido cuestión de selección, de tiempo, pero todos estos han nacido en casa y son muy cariñosos. Además, al estar rodeados de paja y no de vallas, es muy fácil que los niños se acerquen y los toquen. Se lo están pasando de maravilla”.

No sabemos se con esa última frase Paco se refería a los burritos o a los niños. Lo cierto es que sólo había que ver los ojos abiertos, la sonrisa de todos los que se acercaban y, bueno, también la de sus papás junto a ellos haciéndoles fotos con el móvil o con la cámara hasta casi agotar la batería, la tarjeta o ambas cosas.

También a la fiesta se sumaron la alcaldesa Merche Sanchis y varios concejales de la actual corporación municipal, de todos los partidos políticos, no era cuestión de establecer diferencias por los colores de cada cual. O mejor dicho, era una fiesta multicultural y llena de colorido. Todos eran bienvenidos.

A todos los que participasteis: gracias.

Y a todos los que no pudisteis acercaros: no lo olvidéis, la próxima vez que el Centro de Día anuncie una fiesta para todos, poneos en la cola.

Vais a disfrutar como niños.

Informa: Sabín

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17 Marzo 2012
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