Escuelas de cultura (2): Dibujo y pintura, cuando la imaginación se trabaja, se convierte en arte

Escuelas de cultura (2): Dibujo y pintura, cuando la imaginación se trabaja, se convierte en arte

Una de las escuelas de cultura más creativas es la de dibujo y pintura. También es una de las más consolidadas, ya que tiene la misma edad que la Casa de Cultura, 25 años. Una prueba de su éxito es que cada año hay lista de espera de alumnos, pues quien prueba a plasmar su imaginación en un lienzo, queda “atrapado” en la magia del arte.

Hace 25 años nadie podía imaginar que la informática, la tecnología y sobre todo un fenómeno casi desconocido como era entonces Internet podrían revolucionar la sociedad hasta tal punto de influir en nuestro modo de comunicarnos, de relacionarnos, y también de expresarnos artísticamente.

Pero paradójicamente, esta saturación tecnológica no ha logrado acabar con la esencia del arte más puro, la pintura y las bellas artes.

La escuela de dibujo y pintura de Puçol nació hace ya un cuarto de siglo y sigue manteniendo intacta su misión de trabajar la imaginación de los alumnos, despertar en ellos el “gusanillo” por las artes plásticas y darles unas pinceladas de técnica para que se enganchen

Y un buen ejemplo es la escuela de dibujo y pintura de Puçol, que nació hace ya un cuarto de siglo y sigue manteniendo intacta su misión de trabajar la imaginación de los alumnos, despertar en ellos el “gusanillo” por las artes plásticas y darles unas pinceladas de técnica para que se enganchen a esta actividad cultural, que es igual de saludable tanto para niños como para adultos.

Según explica el profesor de la escuela, Fernando Gandía, “en estos años han podido cambiar las técnicas o los materiales, pero la creatividad no está acabada, las posibilidades son infinitas”.

Cada día de la semana, excepto los lunes, en varios grupos y horarios, una veintena de niños de distintas edades, y otros tantos adultos, asisten a estas clases de pintura en la Casa de Cultura. La programación se divide por trimestres, tal como apunta Fernando.

A principio de curso, desde octubre hasta navidad, trabajamos el dibujo artístico en distintos soportes, como el carboncillo o la cera. A partir del segundo trimestre, como coincide con las fallas, aprovecho para enseñarles la escultura, el volumen, pero sin dejar de lado el dibujo. Y ya en los últimos tres meses practicamos la pintura acrílica con témperas y acuarelas”.

Para el trabajo diario, los alumnos necesitan invertir en utensilios a principio de curso, cerca de 50 euros, que les sirven para el resto del año. La Casa de Cultura proporciona algunos materiales como disolventes o caballetes, y además se promueven técnicas ecológicas, como por ejemplo engrudos de harina en lugar de pegamento o materiales orgánicos para las esculturas.

Cada alumno tiene una motivación y un ritmo de aprendizaje distinto, por eso las clases están organizadas en función de las necesidades individuales de cada uno. Y por eso no es de extrañar que en un grupo haya niños de distintas edades o incluso que un pequeño destaque sobremanera y a lo largo del curso se pase al turno de adultos, donde la técnica se depura un poco más.

Pero lo importante es el buen ambiente de trabajo que se respira en cada una de las clases.

“Si alguien está pensando en apuntarse a esta escuela, yo animo a que primero se pasen por una de mis clases y vean qué hacemos, cómo trabajamos, seguro que se sorprenden”, indica Fernando.

Las matrículas para apuntarse se abren cada trimestre, hasta llegar al cupo de 16 alumnos por grupo. De momento las plazas están bastante ajustadas, ya que quien prueba por primera vez, suele repetir.

“Algunos alumnos llevan conmigo ya varios años, sobre todo los adultos. No es cuestión de técnica sino más bien de que aquí encuentran un alivio al ajetreo del día a día, en mis clases se relajan y se olvidan del estrés, y por eso siguen viniendo cada año”.

Y para acabar de motivarles, Fernando organiza cada final de curso una exposición en la Casa de Cultura con los mejores trabajos. Porque precisamente de eso se trata, de compartir con los demás lo que se ha ido aprendiendo a lo largo del curso.

Con la escuela de dibujo y pintura, la cantera de artistas locales de Puçol está garantizada, porque mientras exista imaginación y sentimientos, siempre habrá algo que expresar, algo que contar.

De ahí al arte, solamente hay un paso.

Informa: Susana Fernández Piqueras

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08 Marzo 2012
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