Llovió en la romería al Cabeçol, pero sólo en el camino, no en la celebración: ¿simple casualidad?

Llovió en la romería al Cabeçol, pero sólo en el camino, no en la celebración: ¿simple casualidad?

A veces la caprichosa climatología ofrece dobles lecturas muy sugestivas, como la mañana del domingo 28 de agosto, en la romería al Cabeçol. Al igual que el pasado año, llovió durante el camino hasta la pequeña montaña situada en el término municipal de El Puig. Luego, para la celebración, la lluvia cesó. Simple casualidad para unos, todo un símbolo para otros.

Un camino, un retorno a las raíces y, para los creyentes, nada mejor que hacerlo limpios, de ahí que la oportuna lluvia que por segundo año consecutivo acompañó el comienzo de las fiestas tenga muy distinta interpretación según quién la explique.

La del último domingo de agosto fue una llovizna intermitente, que animó a sacar los paraguas a los más precavidos, pero que no desanimó en ningún momento a los que estaban dispuestos a recorrer a pie los tres kilómetros que separan la iglesia de los Santos Juanes de la montaña donde hace más de cinco siglos un vecino de Puçol, Pere Muñoz, encontró una talla oscura, de apenas medio metro de altura, con la imagen de la Virgen al Pie de la Cruz, imagen que con el tiempo se convertiría en la patrona de Puçol.

Los precavidos, los que temían la lluvia, prefirieron realizar el camino en coche o, como mínimo, bajo un paraguas. Los festeros, el cura párroco Juanjo Llácer y los que consideran la romería como un auténtico peregrinaje, como un proceso iniciático, esos tenían claro que el viaje debía ser a pie, bajo la lluvia. Tras ellos, los incansables jóvenes de Protección Civil, la Policía Local y la ambulancia, por si acaso.

Curiosamente, con todos los asistentes ya en la cima del Cabeçol (y algunos en las escaleras o al pie de la pequeña montaña, junto a los vehículos) la lluvia descargó con más fuerza durante unos minutos, quizá para certificar que los allí presentes habían cumplido su camino de “limpieza” espiritual.

Eso sí, los asistentes, más allá de abrir los paraguas, ni se plantearon moverse de sus sillas. Ya se sabe lo que dice el refrán: “El que se fue a Sevilla…”. No es la cima del Cabeçol un lugar donde quepan más que unos cientos de personas y, como ya es habitual, había en torno a un millar en la romería. Si uno se movía para buscar refugio, ya sabía que acabaría escuchando la misa bajo un árbol o en las escaleras.

Lo que sí originó la lluvia fue cierta premura y algún despiste a la hora de colocar los pañuelos azules (las populares panyoletas) a los niños bautizados durante el último año. Una tradición que recae en los festeros y con las prisas, junto a cierta inexperiencia en los jóvenes, unidas al temor a que el chaparrón se repitiera de un momento a otro, hubo más de un bautizado que se quedó sin recoger su pergamino o quizá sin la foto. Aunque sus padres podrán finalizar el acto en cualquier otro momento.

Pequeñas anécdotas de una jornada que al final transcurrió con normalidad. La Eucaristía la celebraron Juanjo Llácer y Vicente Gozálvez, los párrocos de los Santos Juanes y Santa Marta, y los peregrinos por un día pudieron regresar a sus casas sin más inclemencias, dispuestos a zamparse un apetitoso desayuno cuando el reloj ya pasaba de las diez de la mañana, tres horas después de haber comenzado a andar bajo la lluvia.

Para los festeros es un momento especial”, asegura Vicente Alegre, el cap de este año. “Es el inicio de las fiestas y procuramos que sea un día de convivencia. De hecho, aprovechamos para almorzar con los festeros casados; luego, por la tarde, algunos estuvimos en la partida de galotxa y, ya por la noche, cenamos juntos”.

Lo dicho, un día de convivencia, de rememorar tradiciones. Los más viejos del lugar recuerdan muchas anécdotas, algunas con la lluvia como protagonista. Pero como reconoce Vicente, “es imposible que se suspenda la romería del Cabeçol, aunque llueva”.

Y es que la lluvia suele hacer acto de presencia en las fiestas de Puçol, pero con la romería al Cabeçol, el último domingo de agosto, suele tener una relación especial: puede llover, pero nunca demasiado y, desde luego, no lo suficiente como para aplazar el inicio de las fiestas.

Todo un símbolo para unos, simple casualidad para otros.

Informa: Sabín

552-romeria_cabesol-3

fotos_noticia

 

28 Agosto 2011
FaceBook  Twitter  
quepaso portada 1

Información Adicional