El Juli, El Juli y, después de nadie, El Juli

El Juli, El Juli y, después de nadie, El Juli

Salva Ferrer, periodista, cronista taurino y colaborador de la web municipal, esta semana nos ofrece un balance del año 2010 centrado en un nombre propio. Este texto se publicó originalmente en el periódico El mundo y ha sido cedido por el autor para su publicación en la web de Puçol. 

Julián López Escobar, El Juli, ha gobernado el 2010 desde febrero hasta octubre. De Vistalegre a Zaragoza, arrasando el gran circuito: Valencia, Sevilla, Madrid (sin orejas), Barcelona, San Sebastián, Málaga, Bilbao... El paisaje de segunda también llevó sello julista: Pamplona, Alicante, Badajoz, Valladolid, Albacete, Logroño... Y en Francia, pleno: Nîmes, Mont-de-Marsan, Bayona, Arles y Dax.

Sus totales: 76 corridas, 159 toros, 147 orejas, 43 salidas a hombros y 2 rabos. El madrileño ha sido el torero que más trofeos (55) ha conseguido en plazas de primera en 2010, dato que supera su propio registro (48) en 2001. “Sólo” 27 orejas más en plazas de primera que su perseguidor en el gran escaparate, Castella con 28, con dos corridas menos el francés (29). En plazas de segunda, 35 corridas 60 orejas, el madrileño mantiene un nivel superior. En ese circuito de segunda es donde el escalafón infla cifras. Es un desglose de datos, el toreo nunca fue número.

El histórico y apabullante año 2008 que cuajó Perera casi sin parangón lo ha marcado ahora Julián. La trayectoria dorada e inmaculada de una figura de época como es Enrique Ponce, puede El Juli conquistarla siempre que el toro respete. El Juli es un Iker Casillas del toreo: lo ha ganado todo madurando, en primera fila. Además, fuera de las plazas, Julián capitanea la cúspide torera en los despachos y las esferas de la alta política.

El Juli no había tocado la segunda división del toreo y ya era figura en categorías inferiores. Acabó de novillero con unos registros tremendos en un boom taquillero similar al de fenómenos como El Cordobés. Tomó la alternativa con 15 años en Nîmes porque en España no podía matar toros hasta los 16. Caso de maestría precoz, lleva 12 años como matador de toros. Y ha acabado más fresco en octubre que mucho torero mimado por cierta prensa que no asalta el poder porque no puede. Asunto de cojones, no de genes. Además con el mérito añadido El Juli de cambiar de registro con el tiempo y modular el concepto para triunfar.

Porque el maestro del Barrio de San Blas, con 28 años, está en la cumbre del toreo con una de las mejores hojas de servicios. Aunque ahora se llame figuras —¡y maestros!— a toreros que no mandan en la Fiesta, que acompañan a las figuras de verdad y que han salido a hombros de Las Ventas o de La Maestranza en sueños... Curiosa la ceguera de los iluminados.

El de 2010 ha sido un Año Juliano si bien Julián lleva ya unos cuantos reinando en las temporadas. Puede que algunos lo hayan descubierto este año: feliz hallazgo. Pero en las últimas temporadas ha ido perfeccionando su toreo. Para refutar el argumento que induce a pensar que su portentoso toreo ha florecido este año, como si antañazo su toreo fuera liviano, hay que echar mano de la honda dimensión y de las cumbres julistas de años atrás: el rabo histórico de un núñezdelcuvillo en Zaragoza en el 2000, el toro Puñalero en Valencia en 2001 o las dos puertas grandes en Bilbao (2001, 2002), el faenón a un toro de Chafick en Logroño y el rabo al toro Desván en Vistalegre en 2002, la faena en Las Ventas a un fuenteymbro en 2003, al toro de Ana María Bohórquez en 2006, la de cantapájaros en 2007, también en Madrid. Indulto y muchos triunfos, con rabo incluido, en la de México. De eso ya ha llovido, pero el toreo de Juli empapa. Más este año, cumbre de cumbres, especialmente Sevilla.

Otro plus para El Juli en este análisis es dominar en una época de genios de la Tauromaquia: José Tomás y Morante, idea que extraigo de una conversación con Álvaro Acevedo, director de la revista Cuadernos de Tauromaquia. Y de Enrique Ponce, añado yo. Porque Julián, en cuanto a compromiso, a tirar del carro, a presencia en todas las ferias importantes (con el toro), a la regularidad en el triunfo salpicado de faenas cumbres cada año y a concluir todas las temporadas en octubre, tiene esa dimensión poncista, aunque en concepto Enrique y Julián son distintos.

El cordón umbilical del peso de la púrpura les une. Lo que les distingue, entre otras cosas, es el grado de exigencia ante la bravura, porque El Juli exprime a los toros más por abajo en un toreo más roto y exigente que el que interpreta el maestro de Chiva. Artistas superdotados, conceptos distantes. Riqueza de la Tauromaquia, no guerra de guerrillas. Que se ve el plumero.

Escribe: Salva Ferrer 

El Juli tocado por la divinidad del toreo puro (foto: Alberto de Jesús)

27 Noviembre 2010
FaceBook  Twitter  
quepaso portada 1

Información Adicional